Período Indígena

Las tierras donde hoy se encuentra Trujillo Alto no solo tenían todo lo que nuestros indígenas buscaban para establecerse en un lugar como; tierras fértiles, rica flora, rica fauna, variedad alimenticia, cuevas, caverna y abrigos rocosos, sino que tenía 3 atractivos de primer orden. 

  1. Ubicación idónea: geográficamente estratégica, lugar alto, protegido entre valles, bosques, colinas, montañas, amplias terrazas aluviales y planicies no-inundables. 

  2. Recursos naturales: abundancia en madera de calidad, conchas de caracol, barro, textiles vegetales y diversidad de piedras, entre ellas, canteras de piedra caliza de variedad azul.

  3. Abundancia de agua: Se le conoce como la “Ciudad de los Manantiales” por las innumerables fuentes ricas y naturales de manantial que arropan la región.  Pero además de ser rico en ríos y quebradas, es atravesado por el río más caudaloso del país: el Río Grande de Loíza, llamado por los nativos, Cayrabón y eso representaba un gran activo.

 

 

Transportación en Canoa

Los aborígenes que habitaban el territorio que hoy conocemos como Trujillo, se transportaban en sus canoas hasta la costa a través del Río Grande de Loíza y sus quebradas afluentes, creando un alto movimiento de personas y productos del interior a la costa y de la costa al interior.

Durante las primeras décadas del Siglo XX, Trujillo Alto atrajo la atención de varios historiadores, arqueólogos y antropólogos tanto nacionales como extranjeros que buscaban evidencia de la presencia de grupos indígenas en esa zona del país.

Se realizó un inventario de sitios arqueológicos donde se hace referencia de una plaza de juego de pelota en La Sabana del barrio Quebrada Grande. 

Entre los diversos grupos indígenas que se establecieron en esta región se han podido identificar a los que se conocen por los historiadores como los Igneris, Pre Taínos y Taínos pero, ¿Qué evidencia de la presencia de estas culturas indígenas se ha encontrado en tierras trujillanas?

Muchas. Existen pruebas de la existencia de:

  • Aproximadamente 5 conjuntos de bateyes o plazas ceremoniales

  • Petroglifos en el Río Grande de Loíza

  • Herramientas líticas: cinceles, buriles, potalas, morteros, hachas petaloides

  • Cuentas tubulares de granito

  • Cemíes en cuarzo y piedra

  • Utensilios en hueso y concha de caracol

  • Adornos corporales

  • Dujo de madera

  • Alfarería o cerámica de barro para vasijas y utensilios

  • Áreas de enterramientos humanos y alimenticios

  • Amuletos

  • Piedra pulida

  • Restos de zocos en madera evidencia de viviendas o bohíos

 

Ya en Trujillo Alto, para la década de 1930 el reconocido arqueólogo estadunidense Irving Rouse, desarrolla una nueva teoría sobre la existencia de un grupo indígena que elaboraba un tipo de cerámica que él identificó como: Estilo “Cuevas” encontradas en un yacimiento en unas cuevas del barrio Cuevas.

Según este investigador, este grupo estaba relacionado culturalmente a la familia de arauacos procedentes de las costas venezolanas de Sudamérica.

El historiador trujillano José Francisco Díaz Viera, encontró en la Quebrada Carraízo un busto hecho en piedra de 16 libras de peso, que representaba un aborigen guerrero, que constituye una verdadera joya de la cultura taína, ya que nunca antes se había encontrado en nuestro país una pieza igual.

Todo lo anterior expuesto constituye evidencia contundente sobre la importancia que la tierra trujillana representó paras las diferentes culturas indo-antillanas que la poblaron. 

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